ENTREGA DE COLLARES. SANTERIA CUBANA.

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La ceremonia de puesta de collares o entrega de collares, se caracteriza por su dinamismo,
colorido y alegría de los asistentes, ya que es un paso hacia “algo mejor”, es un comienzo
dentro de la Regla de Ocha.
Cuando se reciben los “ilekes” ( collares), se entra en el primer paso de la religión yoruba
o Lucumí. Es un lanzamiento que va poco a poco a alejarse de su vida anterior para
comenzar un largo viaje ( un cambio en su vida). Ya que a partir de ese momento el
iniciado queda bajo la tutela de su padrino o madrina, su protección y bendiciones.
Los ilekes son las banderas de los Orishas, y deben ser tratados con respeto. Cuando el
iniciado va a dormir debe quitárselos, así como cuando va a tener algún tipo de relación
sexual. Las mujeres que reciben ilekes deben quitárselos cuando tengan el periodo.
Igualmente cuando sale “de fiesta” se deben dejar los collares en casa, Se dice “que no
debe desgastarlos”.
Los matanceros deben quitar sus ilekes cuando están realizando un sacrificio. La sangre es
caliente y solamente las cosas frescas deben estar cerca de los Orishas, excepto en
condiciones muy especiales. Así mismo no se debe dejar tocar los ilekes por nadie.
Los collares se deben poner en el mismo orden en que se pusieron el primer día, primero
Elegua, después Ochún, Yemayá, Changó, y Ochún, por ejemplo. Cuando se los quite lo
hará en el orden Inverso, y los debe colocar en un paño blanco, nunca depositarlos de mala
manera. Se les debe respetar.
Si alguna vez se rompe el collar, significa que el Orisha correspondiente le ha salvado de
alguna desgracia. En ese caso debe recoger todas las cuentas y llevárselas al padrino o
madrina para que se lo rehaga y bendiga.
Se comienza con un saluda, recuerdo y petición a los muertos de todos los asistentes.
Esta parte de la ceremonia se lleva a cabo en una habitación diferente de la de los
sacrificios y puestas de collar, normalmente en una galería de la casa o junto a una
ventana.
El Babalawo va cantando a cada familiar fallecido y los babalochas e iyalochas contestan
“ache” a cada uno de sus rezos, así mismo cuando se nombran los fallecidos, todos los
asistentes responden ache.
Se pasa a la habitación o recinto donde se realizará la ceremonia de puesta de collares y
sus sacrificios correspondientes, así como el omiero.
El babalawo hace “kinkamaché”, es decir solicita la autorización de Oloddumare, de Dios,
de los antepasados y mayores, padrinos muertos y vivos, para comenzar a triturar o
machacar con las manos el ewe (yerbas) y les pide su autorización y su bendición.
“Mollubba Oloddumare loguó Ikú embelese Oloddumare. Moyubba ibaé bayé tonú. Ibá
Babá, ibá yeyé. Ibá Eshu Alágwánna. Ibá ilé apócó yéru.
Estos cantos, son de una belleza singular, tratándose de personas sin ningún tipo de
estudios de canto, dan como resultado una cadencia y ritmo excepcionales.
El babalawo entrega las hierbas correspondientes al santo que va a recibir el iniciado, a la
madrina o iyaré; las yerbas para hacer el Osaín de la ceremonia; estas se presentan a
Olorum y se la da coco.
Se colocan las hierbas sobre la estera, sobre la que más tarde se acostará el acólito y se
realizará el sacrificio de “asiento”. El babalawo muestra las hierbas a los Orishas e
introduce en su boca unas hojas que una vez masticadas, escupe al resto de las hierbas
para otorgarles su “ache” (suerte o gracia de Orula).
“ Este libro lo dedico a mi esposa Blanca y mis hijos: Marta, Raquel y Alberto”
En una ceremonia de “asiento” se utilizan veintiuna hierbas. La santera (iyalocha) mas
joven, también puede ser un babalocha,se arrodilla en la estera, y va recibiendo las
hierbas de manos del babalawo, y las va entregando al resto de santeros, que previamente
se han situado sentados en pequeñas sillas frente a unos grandes cuencos, donde realizaran
el machacado y triturado de las mismas.
El babalawo (Oriate) va recitando de forma acompasada las llamadas a los Orishas y el
resto de santeros responden a modo de coro. Siempre se debe empezar con Eleguá y se
termina cantándole a los Ibeyí.
A cada Suyere ( rezo cantado) marca una raya en el suelo con yeso, de esta forma lleva la
cuenta de los mismos, ya que se trata de dieciséis o veintiuno suyeres.
Según convenga el “iyaré” o “ ollúbbona” que se encuentra sentado frente a los santeros y
sus cuencos, va derramando agua en estos recipientes para de esta forma conseguir una
mejor lubricación y limpieza de las hierbas.
Se lavan durante largo tiempo los collares, así como las piedras u “otanes”, piedras de los
Orishas.
Las hierbas no deben caer al suelo, sería sigo de mala suerte.
Los santeros cantan pidiendo: salud para los asistentes al acto, suerte en general, y
prosperidad.
Se cuela el agua resultante, que se derramará en las soperas de todos los Orishas de la
casa. Así como se prepararan los Osún, que mas tarde serán entregados a sus dueños.
En una habitación contigua, se encierran el babalawo y santeros para advertir de los
secretos y hermetismos que esta religión conlleva. Esta parte no es posible filmarla ni
grabarla, ya que corresponde a un secreto guardado de generación en generación y por
respeto no debe obligarse al oriate .
Aquí se “rellenan” los Osún, recogiendo pelo del iniciado, así como cáscara sagrada, etc.
Durante toda la ceremonia tanto en babalawo, como los santeros no cesan de fumar puros
habanos y consumir aguardientes. Hay que hacer referencia a la gran cantidad de alcohol
que se consume en estas ceremonias.
Una vez todos reunidos en la habitación principal de la ceremonia, y previa limpieza de las
patas, se van trayendo los animales a sacrificar. Primero el chivo, y mas tarde los de dos
patas ( gallo, gallinas), terminando el sacrificio con una paloma blanca.
El babalawo, ayudado por un santero, que sujeta el animal, auxiliado de un afilado
cuchillo, corta lentamente el cuello del chivo, desangrando al mismo, y rociando todos los
collares, piedras correspondientes a Orishas, así como guerreros y todo lo que se presente
para ritualizar y consagrar.
Se termina cortando la cabeza del animal, que se situará junto a los collares y piedras, etc.
A continuación se sacrifica un gallo y después alguna gallina.
Mención especial recibe el hecho de que una vez cortada y desangrada la pieza de dos
patas, (gallo, Gallina), se limpia con abundante agua limpia el cuello del animal para, a su
vez pasarlo por la lengua de los asistentes.
Los cantos no cesan e incluso parece que en los momentos mas vibrantes, suben de tono. El
clímax del acto es cada vez mas subido de tono. Los asistentes siguen con atención y
respeto cada acción del babalawo y santeros.
Los sacrificios terminan con la ofrenda de una paloma blanca, que previamente “pasan”
por todos los que van ha recibir collares, rogaciones, etc. El Oriate con sus manos y con un
movimiento de muñecas, parte en cuatro pedazos el palomo y lo deja sobre, ya un montón
de plumas, sangre, y objetos.
Todos los asistentes despluman con sus manos los animales sacrificados y esparcen las
plumas.
Llegado a este punto y uno por uno se presentan ante su padrino que le “pone” su collar,
siguiendo unos movimientos característicos, como son levantar la pierna izquierda,
mientras se reza. Pasando a acostarse sobre la estera boca abajo y recibiendo el “ache” de
todos los santeros asistentes, que piden se levante. Se continúa con el “obi”, que el padrino
hecha, leyendo la posición de los cocos y vaticinando su porvenir.
Se termina con el saludo a todos los que han participado en la ceremonia.
En dicha imposición se entregan cinco collares que representan, según sus colores, a los
cinco Orishas fundamentales de la religión yoruba, ( Eleguá, Obatalá, Yemayá, Changó, y
Ochún. Hay otros collares que pueden ser entregados en ese momento trascendental y
dependerá del “ ángel de la guarda” u Orisha que rige a la persona. Por ejemplo si la
persona ceremoniada es hija de Oyá, debe recibir los cinco collares antes mencionados
más el de Oyá. Debido a esto, es recomendable llevar a la persona al “ pie de Ifá” antes de
la ceremonia de imposición de collares, para determinar con exactitud cual es el Orisha
que lo rige.
El babalawo termina con sus cánticos, que siempre son acompañados por los santeros,
dando por finalizada la ceremonia, propiamente dicha.
Mas tarde las iyalochas cocinan los animales, que servirán de alimento para los Orishas y
todos los asistentes.
Normalmente la necesidad de que una persona reciba los collares de Santo es manifestada
a través de los oráculos adivinatorios de la religión. Allí el Santo define si la persona
necesita los collares, por diferentes razones: para mejorar su salud, por protección, por
una vocación espiritual que mas tarde se irá desarrollando, para mejorar las condiciones
de vida de la persona, etc. En cualquier caso se establecerá una relación entre ahijado y padrino-
a, siempre con la intervención de los Orishas.
Los “ilekes” se diferencian uno del otro por los colores que representan a cada Orisha. Así
tenemos el collar de Elegua de color rojo y negro, el collar de Obatalá es blanco, el de
Yemayá azul claro y oscuro con cuentas transparentes, el de Changó es rojo y blanco, el de
Ochún amarillo,naranja y miel, el de Oggún verde y negro, el de Ochosi combinando azul
y miel, el de Oyá con cuentas marrones y negras, etc.
Antiguamente y antes de que existiera el plástico, los Yorubas los hacían con cuentas de
madera pintada o utilizando semillas.
La imposición de ilekes, es el primer paso que se da para obtener el beneficio de los
Orishas.
Las ceremonias para entregar este fundamento fueron creadas por Olofi y son
supervisadas por los Santos, por lo tanto si no se realizan de la manera correcta, no tiene
sentido hacerlas ya que no tendrán la aprobación de los Orishas ni de Dios mismo.                                  DALE CLICK A LOS ANUNCIOS 30 SEG. SIN COMPROMISO DE COMPRA ASI AYUDARAS A ESTE BLOG EN SU MANTENIMIENTO                                     “GRACIAS POR TU VISITA”  
 

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