BABBALU AYE

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Babbalu - aye o San Lázaro
Este Santo que hoy es de la Tierra Arará, es lucumí, hermano legítimo de Aggallú, de Bañañi (Daddá), Shangó y Oyá.
Este Santo representa las epidemias, enfermedades contagiosas, porque es el espíritu donde se puede incubar lo bueno y lo malo, en la infancia o en la vejez.
Ahora bien, Babbaluayé, era un hombre justo, bondadoso, a la par que sencillo, humilde; a pesar de ser poderoso, vivía tranquilamente, hasta un día que Alosi le dijo a Olofi que no existía un hombre justo en la tierra, y Olofi le aseguraba que sí. Todo estaba corrompido en la tierra, pero había uno, por quien El respondía, y éste, era Babbaluayé.
Y Alosi le respondió que, cómo él no iba a ser justo, si poseía todo lo que se puede desear en la Tierra: salud, fortuna y de todo y, agregó, que se enfermara y perdiera toda su fortuna, para ver si no iba a renegar de El, igual que los demás seres.
Entonces Olofi le dijo: tiéntalo y verás que no.
Entonces Alosi tentó a Babbaluayé y éste perdió toda su fortuna y haciendas, quedando en la indigencia y, a pesar de ello, nunca maldecía ni renegaba.
Pasado algún tiempo, Olofi le dijo a Alosi, ¿tú ves como Babbaluayé de limosnero ni aún así reniega, ni maldice? Y Alosi le contestó " ¡Cómo va a renegar, ni maldecir, si goza de buena salud!"
Y entonces Olofi invitó a Alosi, a que lo tentara otra vez y, así lo hizo Alosi. Babbaluayé enfermó de la sangre cubriéndosele el cuerpo de lepra y, como estaba en esas condiciones, nadie se acercaba a él, todo el mundo lo rechazaba.
Al cabo de algún tiempo, Olofi se acordó de Babbaluayé y le dijo a Alosi, ¿ya tú ves como Babbaluayé ni maldice ni reniega? Y entonces Alosi le contestó: si está caminando, como va a renegar ni maldecir.
Y Olofi dijo: recuerda Alosi, que tú me dijiste, que no había nadie justo en la Tierra y yo te aseguraba que existía uno, y este era Babbaluayé. Y te autorice para que lo tentaras, y vino su ruina y Babbaluayé no renegó, ni maldijo. Dijiste que era porque tenía salud y por segunda vez te autoricé para que lo tentaras y, Babbaluayé enfermó de una de las enfermedades más horribles, que existen en la Tierra, no renegó ni maldijo.
Y, ahora que tú quieres, ¿qué le quite la vida? No, devolveré la salud a Babbaluayé y cuadruplicaré su simiente, su fortuna y hacienda en la Tierra. Po Ban-Echú.
Y sucedió que Babbaluayé, mucho más poderoso y fuerte que antes, sin hijos, ni familia, como todo el hombre que necesita de una mujer, Babbaluayé fue con Bañani y, como su enfermedad no había curado totalmente, la enfermó y la llaga empezó a podrirle el centro de la cabeza y ella, como tenía su pelo muy largo, se tapaba la llaga con la trenza hasta que un día Eshú oyó unos quejidos y se dirigió al lugar de donde partían dichos quejidos, encontrándose con Bañani que era la que se quejaba y vio, que Bañani tenía una llaga en el centro de la cabeza. Entonces fue donde estaba Aggallú, el hermano mayor de Bañani y le contó lo que le vio en la cabeza a Bañani.
Acto seguido, Aggallú mandó a buscar a Bañani y ésta vino donde estaba Aggallú y éste, le preguntó a Bañani que por qué se quejaba y qué era lo que tenía en la cabeza, y ella le dijo toda la verdad a su hermano y éste, indignado con Babbaluayé, lo mandó a buscar y, éste vino junto a su hermano Aggallú.
Entonces Aggallú preguntó a Babbaluayé, si era cierto todo lo que se había enterado respecto a su hermana. Babbaluayé no le negó nada, y entonces, Aggallú, como era Rey de esa Tierra, no le quedó más remedio a Babbaluayé que, abandonar el territorio que gobernaba Aggallú, sin saber dónde dirigirse y como fueron confiscadas todas sus haciendas, bienes y fortuna, Babbaluayé salió nada más que con las ropas que tenía puestas.
Y andando sin rumbo y pasando trabajos, se fue muy lejos de la Tierra donde viera la luz por primera vez.
Babbaluayé llegó a un paraje, donde encontró un hermoso río y, allí se estacionó, para saciar la sed y descansar; y, como allí casi nadie pasaba, a él le gustó y él mismo le puso el nombre a aquel lugar, denominándolo: Arará. Y así, se llama aquel río y aquella Tierra hasta hoy en día. En aquel lugar perdió la forma de hablar como los lucumíes y adquirió por el tiempo que estuvo en aquel lugar, un lenguaje distinto al de su pueblo natal.
Babbaluayé estuvo solo hasta que un día, se le apareció una mujer en el río y, talmente parecía que se había acabado de bañar. Babbaluayé se le acercó y preguntó cómo se llamaba y ella le contestó que se llamaba Naná. Y ésta, que no era otra que NANABURUKU, la de la Tierra Takua, que por disgusto con Oggún fue a parar a aquel lugar donde estaba Babbaluayé. Allí juntos, fundaron su primer pueblo. En fin, dejemos esto y vamos a lo fundamental.
En Cuba, donde más afluyeron los Ararás, fue en la provincia de Matanzas y La Habana y, nos encontramos, con que en La Habana la ceremonia a San Lázaro se hace distinta que en la provincia de Matanzas.
En La Habana, si Osha no umbo en el erí, no le está autorizado a esa persona fabricar ni entregar a San Lázaro, a nadie; sin embargo, en Matanzas, basta que usted lo tenga para que pueda hacer lo que quiera y, tienen el mismo valor espiritual tanto el uno, como el otro y, esto, resulta porque en Matanzas hay menos especulación con San Lázaro que en La Habana.
Allí usted sabe lo que lleva, porque lo ve todo. Todo se hace como los santos lucumíes y el Orisha es el mismo.
Para hacer un San Lázaro: Icoco (cazuela), 7 otás (chinas pelonas): 18 diloggunes (caracoles), Ijan, escobitas de varillas de penca de guano o coco forrado con cuentas de collares y caracoles, según el camino de San Lázaro, 1 eleke (collar) y come: Oúco (chivo), Acucó (gallo), Etú (guinea). También se le hace Awan y este Awan lleva toda clase de granos crudos y Etú y, todos estos, más o menos es lo que se hace en la otra tierra Arará, que va a la cazuela cerrada.
Es necesario que se sepa, que en la Tierra Arará, todas las fabricaciones no son iguales; hay santos que la cazuela va vacía con su ceremonia solamente y, va completamente vacía porque estos santos que la cazuela no lleva nada, trabajan con el viento o mejor dicho, con el aire y, así es por lo que no necesita nada dentro. Así es que estos enseres se componen de una cazuela vacía, repito, Ijan y Eleke del camino del Santo que sea.
San Lázaro tiene distintas etapas, como son:
Ayano, Soyí, Aggró, Aliprete,
Neggé, Afimaye, Alúa, Bara-Aribbó,
Sa cua atá, Tokuón, Azuco, Sujjó,
Docunoamabó, etc.

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